Bajo el silencio de los extensos campos de fresas entre las localidades de Moguer y Palos de la Frontera, la comunidad marroquí despertó con la trágica noticia del asesinato de la señora Zahra, de 47 años, dentro de su humilde vivienda que durante años fue su refugio tras una larga jornada de trabajo en los campos.
Una puñalada traicionera puso fin a la vida de una mujer que dejó su patria en busca de sustento, terminando su viaje en una dolorosa tragedia que convirtió su pequeña vivienda, al amparo de los campos, en el escenario de un crimen que conmocionó a toda la comunidad marroquí, recordando la tragedia de las trabajadoras marroquíes en condiciones que reflejan la fragilidad de su situación.
La Guardia Civil española anunció la detención de un hombre de Burkina Faso de 56 años, sospechoso de cometer el crimen. Las investigaciones intentan desvelar el misterio de la relación que unía a ambas partes, ya que la información indica la existencia de una relación sentimental anterior entre ellos, que derivó en amenazas y terminó en una sangrienta tragedia.
Zahra no era solo un número en el registro criminal, sino parte de un tejido social bien conocido en la región: trabajadoras marroquíes que pasan horas bajo el ardiente sol, trabajando en la cosecha de fresas por salarios bajos y con una protección legal casi inexistente. Mujeres que vienen de diversas regiones de Marruecos, con sueños sencillos de una vida digna, para enfrentarse a una amarga realidad de marginación y vulnerabilidad.
La tragedia desató una ola de indignación y dolor en la comunidad marroquí. Activistas marroquíes en Andalucía alzan sus voces exigiendo que el culpable no quede impune y que se abra una investigación exhaustiva que aclare todos los detalles. Pero el grito más importante fue hacia la mejora de las condiciones laborales y de vida de las trabajadoras temporeras, que siguen sufriendo un claro abandono a pesar de su contribución a la economía de la región.
Zahra sigue siendo un símbolo de la tragedia humana que viven cientos de mujeres marroquíes tras los muros de los campos de fresas. Una historia contada por campos rojos, no con la dulzura de sus frutos, sino con la amargura del sufrimiento de una mujer que pagó con su vida por la falta de protección y justicia.