El periodismo con hostilidad crónica hacia Marruecos

15 July 2025 - 11:18

 

Cada vez que las relaciones marroquí-españolas toman un rumbo sereno, los tres mosqueteros mediáticos pro-polisario reaparecen como por arte de magia.
Ignacio Cembrero, Francisco Carrión y Sonia Moreno, se movilizan para sembrar dudas y romper la dinámica positiva entre Rabat y Madrid.

Una simple carta de un Partido Marroquí al Partido Popular español, animándolo a apoyar el plan de Autonomía para el Sáhara, bastó para provocar una reacción alérgica: los tres propagandistas salieron de las sombras y comenzaron a disparar con todo.

Ignacio Cembrero, Francisco Carrión y Sonia Moreno se erigen en defensores oficiosos de las tesis del régimen argelino. Aprovechan cada ocasión para reciclar sus obsesiones y sabotear cualquier avance entre Marruecos y España, sin asumir su evidente sesgo.
Su discurso es cíclico, sin matices ni autocrítica. Publican las mismas acusaciones con nuevos títulos, como si su línea editorial estuviera dictada por una IA desconfigurada. El contenido es rígido, la retórica vacía y la intención claramente orientada.
Su ensañamiento roza lo caricaturesco: acusaciones de escuchas, insinuaciones sobre Ceuta y Melilla…
Todo sirve para crear tensión artificial. Detrás de sus métodos se esconde una agenda más siniestra: dañar a Marruecos a cualquier precio.

Los tres voceros de la propaganda argelina intentaron vender la idea de que el cierre de las aduanas en Sebta y Melillia fue una represalia Marroquí.
Una escenificación coordinada para envenenar los vínculos bilaterales y manipular a la opinión pública.
Sin embargo, ese relato es completamente falso.
El propio ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, confirmó que la interrupción del tráfico comercial es temporal y se enmarca en los acuerdos bilaterales firmados con Marruecos.
Albares explicó que la suspensión del flujo de mercancías se debe a la prioridad otorgada al tránsito de personas durante la OPE. Afirmó que existe un diálogo fluido entre ambos países y que nunca se ha planteado cerrar definitivamente las aduanas.

En esta línea, Ignacio Cembrero vuelve a jugar la carta de la victimización. Una simple carta de Lahcen Haddad enviada a El Confidencial para criticar sus excesos mediáticos le basta para denunciar un atentado contra la libertad de prensa. Previsible.
En lugar de responder al fondo de los argumentos de un diputado electo, Cembrero prefiere ponerse el traje de mártir. Repite viejas quejas contra Marruecos y desvía la atención del verdadero problema: su flagrante falta de objetividad periodística.⁠
Acusar sistemáticamente a Marruecos de atacar la libertad de prensa cada vez que es criticado se ha vuelto su reflejo automático.
Pero en democracia, los periodistas también deben rendir cuentas por sus sesgos, sobre todo si rozan el activismo disfrazado.
Que un parlamentario Marroquí se dirija a un medio extranjero para defender la posición de su país es totalmente legítimo. No es censura ni intimidación, es el ejercicio normal del derecho de réplica. Cembrero parece quererlo solo para él.

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