El Rey Mohamed VI, miembro fundador del Consejo de la Paz... Un triunfo para la diplomacia serena en tiempos de turbulencia internacional

25 January 2026 - 17:11

Por: Hanan Aterkine – Miembro del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes

 

En un delicado momento internacional, caracterizado por la complejidad de las crisis y el descenso en el nivel de confianza hacia los mecanismos tradicionales de resolución de conflictos, la adhesión de Su Majestad el Rey Mohamed VI —que Dios le guarde y le auxilie— como miembro fundador del Consejo de la Paz, por invitación del Presidente estadounidense Donald Trump, surge como un paso de profundas connotaciones políticas y diplomáticas. Este gesto refleja el lugar que Marruecos ha llegado a ocupar en la ecuación de la paz y la estabilidad internacionales.

Esta adhesión no puede leerse como un mero evento protocolario pasajero, sino como un reconocimiento internacional explícito a la eficacia de la opción diplomática marroquí y al papel equilibrado que desempeña Marruecos en asuntos regionales e internacionales complejos, principalmente aquellos relacionados con la paz en Oriente Medio.

Diplomacia de la confianza en lugar de diplomacia del ruido

Durante los últimos años, Marruecos, bajo el liderazgo del Rey Mohamed VI —que Dios le auxilie—, ha consolidado un modelo diplomático sereno y efectivo, basado en la construcción de confianza, el respeto a la soberanía de los estados y la participación positiva en iniciativas internacionales, sin alineamientos ciegos ni pujas políticas. Desde esta perspectiva, la elección de Marruecos para estar entre los miembros fundadores del Consejo de la Paz refleja una convicción internacional sobre su capacidad para desempeñar roles de mediación y acercamiento, no desde la posición de los eslóganes, sino desde la acción y la credibilidad.

El simbolismo de la participación marroquí

Este paso adquiere un simbolismo reforzado al considerar la condición de Su Majestad el Rey Mohamed VI como Presidente del Comité de Al-Quds (Jerusalén), lo que otorga a la participación marroquí una dimensión ética y humana que trasciende los cálculos políticos estrechos. Marruecos nunca ha estado alejado de las causas de la paz, sino que siempre ha defendido soluciones justas y duraderas, basadas en el diálogo y el respeto a los legítimos derechos de los pueblos.

Asimismo, esta adhesión se alinea con la política exterior marroquí, fundamentada en el equilibrio: apertura a las grandes alianzas internacionales, manteniendo la independencia de la decisión nacional y el compromiso con las constantes históricas del Reino.

Marruecos… un socio confiable en la construcción de la paz

En un mundo donde la confianza entre los actores internacionales se debilita, Marruecos es visto hoy como un socio confiable y una fuerza propositiva, que no se limita a diagnosticar las crisis, sino que contribuye a la búsqueda de soluciones prácticas y sostenibles. La invitación al Rey Mohamed VI para unirse al Consejo de la Paz confirma que Rabat ya no es un mero observador de los acontecimientos internacionales, sino un actor participante en el diseño de las grandes iniciativas relacionadas con la seguridad y la paz mundial.

Una lectura de las dimensiones futuras

Esta adhesión puede reforzar la posición de Marruecos dentro de los círculos de decisión internacional y abrirle nuevos horizontes para influir positivamente en asuntos regionales sensibles. También consolida la imagen del Reino como un Estado que goza de respeto, capaz de conciliar legitimidad histórica y realismo político.

La adhesión del Rey Mohamed VI como miembro fundador del Consejo de la Paz no es solo la coronación de una trayectoria diplomática acumulada, sino también un mensaje claro de que la diplomacia marroquí, bajo su sabio liderazgo, se ha convertido en un elemento indispensable en la ecuación de la paz internacional. Una diplomacia que trabaja en silencio, pero cosecha resultados tangibles, y prueba una vez más que Marruecos ha elegido su lugar con firmeza: un Estado de paz, un socio de confianza y una voz de la razón en un mundo turbulento.

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