Por: Dr Mustapha Antra
La reciente aparición mediática del Jefe de Gobierno Aziz Akhannouch no fue una simple intervención pasajera en los dos canales públicos, sino que constituyó un verdadero acontecimiento político en sí mismo, por las profundas implicaciones que tuvo tanto en la forma como en el contenido. El líder se mostró más maduro en su discurso, más capaz de comunicarse con un lenguaje que combina sencillez y profundidad, basándose en datos precisos y cifras claras, lo que hizo que sus intervenciones resultaran convincentes para la opinión pública nacional.
En cuanto a la forma, el discurso de Akhannouch se distinguió por la calma y una gran confianza en sí mismo, lejos de la exaltación o la demagogia. Se mostró dueño de los expedientes, conocedor de sus detalles más precisos, evocando su bagaje económico y su experiencia gubernamental para presentar la imagen de un hombre de Estado que habla un lenguaje realista, no de promesas vagas. Este estilo le permitió desempeñar el papel de “abogado del gobierno”, defendiendo su balance de manera racional y explicando sus decisiones en un lenguaje comprensible tanto para el ciudadano común como para las élites políticas.
En cuanto al contenido, Akhannouch se centró en cuestiones fundamentales que afectan la vida cotidiana de los marroquíes. Destacó la continuidad del gobierno en la implementación de los grandes proyectos reales, especialmente en los ámbitos de la salud, la educación, el empleo y la protección social, subrayando que el desafío es no perder tiempo y trabajar hasta el último minuto del mandato gubernamental. Este mensaje, en sí mismo, refleja seriedad en el compromiso y transmite tranquilidad al ciudadano que espera resultados tangibles.
En el aspecto económico, puso de relieve la inversión en sectores vitales como el agua y la agricultura, considerándolos pilares para garantizar la seguridad hídrica y alimentaria, y motores de crecimiento económico. En el plano social, envió señales contundentes a través de los resultados del diálogo social, que llevaron a resolver el problema de los profesores contratados y a aumentar los salarios de funcionarios y jubilados, una medida que se consideró valiente ante la acumulación de problemas que gobiernos anteriores no lograron solucionar. Tampoco dudó en hablar con franqueza sobre la complejidad de la reforma de las pensiones, ofreciendo una visión clara de los desafíos, sin minimizarlos ni exagerarlos.
En el plano político, el Jefe de Gobierno insistió en la cohesión de la mayoría gubernamental y consideró que la diversidad de ideas dentro de ella es algo natural, siempre que el trabajo se realice de acuerdo con una agenda clara. Lo más importante es que afirmó que las próximas elecciones no deben ser una excusa para frenar los proyectos ni ralentizar su ejecución, una postura que bloquea los discursos que vinculan el rendimiento gubernamental con cálculos electorales estrechos.
Esta aparición mediática mostró a un Jefe de Gobierno que apuesta por la claridad y el realismo, evitando el discurso partidista que desvía el debate hacia la demagogia o los alineamientos ideológicos. Fue acertado al elegir los temas que afectan directamente al ciudadano, y consciente de la importancia de presentar la imagen de un gobierno de acción y resultados, no un gobierno de eslóganes.
En definitiva, lo que distinguió esta intervención fue la combinación entre la fuerza de la forma y la profundidad del contenido: un discurso sereno y confiado, respaldado por cifras y logros, y con mensajes que abordan el núcleo de las cuestiones económicas, sociales y políticas que preocupan hoy a los marroquíes. Un mensaje elocuente que significa que el gobierno ha elegido el camino del trabajo serio y que lo que viene, como dijo su presidente, será mejor.