*1- Denegación de los acuerdos fronterizos* Marruecos-GPRA (1961).
Anticiparon que, una vez lograda la independencia, Argelia entablaría negociaciones serias y amistosas con Marruecos sobre el destino de los territorios anexados por la Francia colonial en detrimento de Marruecos.
En particular, Tinduf, Colomb-Béchar y los territorios saharianos del extremo sureste de Argelia, que históricamente estuvieron bajo la soberanía de Marruecos antes de la colonización francesa, y que fueron anexados administrativamente a la Argelia colonial durante los siglos XIX y XX.
Estos acuerdos comprometieron a Argelia a:
– reconocer el carácter artificial de la frontera colonial,
– negociar bilateralmente, una vez obtenida la independencia, la reintegración pacífica y duradera de los territorios históricamente marroquíes,
– respetar el espíritu de hermandad post-independencia marroquí-argelina.
El compromiso nunca se cumplió tras la independencia. Peor aún, en 1963, apenas un año después, Argelia acusó a Marruecos de «agresión» por haber reclamado estos territorios pacíficamente, lo que desencadenó la Guerra de las Arenas.
*2- Guerra de las arenas*
Tras la independencia de Argelia en julio de 1962, Marruecos solicitó la apertura de negociaciones bilaterales sobre los territorios saharianos históricamente anexionados por la Francia colonial, en particular Tinduf y Colomb-Béchar.
Esta demanda se basaba en los compromisos políticos de la Asamblea General de la República Argelina de 1961, según los cuales una Argelia independiente resolvería estas disputas fronterizas de forma pacífica y fraternal.
El nuevo régimen de Ben Bella rechazó esta perspectiva, adoptó una línea de ruptura y proclamó como principio intangible el mantenimiento de las fronteras coloniales, afirmando públicamente que «las fronteras heredadas de la colonización son sagradas».
En este contexto de bloqueo, a finales de septiembre de 1963 se produjeron incidentes fronterizos en la región de Figuig. El 8 de octubre de 1963, fuerzas argelinas atacaron y tomaron los puestos marroquíes de Hassi Beida y Tindjoub, a pesar de que estaban ubicados en territorio marroquí según los mapas franceses anteriores a 1952.
Se trata de una agresión militar abierta, llevada a cabo bajo el pretexto de la «seguridad fronteriza», pero cuyo objetivo real es impedir cualquier reivindicación marroquí sobre Tinduf.
Marruecos respondió movilizando sus fuerzas en el sureste y lanzando una contraofensiva. En cuestión de días, el ejército marroquí hizo retroceder a las tropas argelinas y avanzó hacia Tinduf e In Guezzam, demostrando una clara superioridad táctica a pesar de sus limitados recursos.
*3- Intentos de debilitamiento de la Monarquía (1960-70*).
En los años 1960 y 1970, la Argelia recién independizada, bajo el liderazgo de Ahmed Ben Bella (1962-1965) y luego de Houari Boumédiène (1965-1978), adoptó una línea decididamente panárabe, socialista y revolucionaria, en ruptura total con la Monarquía Marroquí descrita por la propaganda argelina (aún hoy) como un régimen conservador, prooccidental y neocolonial.
Varios movimientos clandestinos o revolucionarios marroquíes encuentran apoyo político, logístico y, en ocasiones, militar activo en Argelia.
Argelia se convierte en un refugio para los opositores radicales del régimen marroquí, entre los grupos acogidos o apoyados:
– figuras radicalizadas de la Unión Nacional de Fuerzas Populares (UNFP), incluido Fqih Basri, implicadas en actividades subversivas contra el régimen,
– las redes resultantes de los disturbios del 23 de marzo de 1965, que dieron origen al movimiento clandestino marxista-leninista “23 de Marzo”,
– la organización maoísta “Ila al-Amam”, fundada por Abraham Serfaty, Abdellatif Zeroual y otros intelectuales revolucionarios,
– militantes del disuelto Partido Comunista Marroquí o de células de inspiración tercermundista.
Argelia les ofreció documentos de identidad argelinos o pasaportes diplomáticos, facilidades para viajar dentro del bloque soviético o panárabe, la impresión y distribución de folletos hostiles a Marruecos y acceso a entrenamiento militar en campamentos en el sur de Argelia, a veces supervisados por oficiales cubanos o egipcios.
Esta política forma parte de un deseo argelino de socavar la estabilidad interna de Marruecos, facilitando la organización de un contrapoder revolucionario a la monarquía desde el exterior.
Varios intentos de infiltración o de ataques han sido vinculados a redes establecidas o entrenadas en Argelia.
Este apoyo a la oposición armada e ideológica de Marruecos es una de las primeras expresiones estructurales de la hostilidad argelina y ancla permanentemente la desconfianza entre ambos Estados.
*4- Expulsión masiva de más de 350.000 marroquíes de Argelia (diciembre de 1975*).
El 18 de diciembre de 1975, en medio de una crisis regional ligada a la salida de España del Sáhara y a la Marcha Verde iniciada por Marruecos, el presidente argelino Houari Boumédiène ordenó la brutal expulsión de más de 350.000 ciudadanos marroquíes que residían legalmente en Argelia.
Esta medida, adoptada apenas unas semanas antes de la proclamación unilateral de la «RASD», constituye un castigo colectivo, una medida de represalia y un acto político de extrema gravedad, dirigido contra civiles indefensos por razones estrictamente diplomáticas.
La mayoría de estos marroquíes llevaban varios años viviendo en Argelia, a veces desde la época colonial. Trabajaban en la agricultura, la construcción, el transporte o el comercio. Muchos estaban casados con argelinas o tenían hijos nacidos en suelo argelino. Vivían legalmente y algunos poseían propiedades, negocios o granjas.
La operación de expulsión, llevada a cabo en pleno invierno, se desarrolló en un clima de acoso y brutalidad policial. Las familias se vieron obligadas a abandonar sus hogares en cuestión de horas, sin previo aviso, sin juicio y sin posibilidad de apelación. Las autoridades argelinas las subieron a autobuses, a veces a pie, las condujeron a puestos fronterizos con Marruecos y las abandonaron en plena naturaleza, a menudo sin equipaje, comida ni protección.
Miles de niños, ancianos y enfermos fueron arrojados a la calle de la noche a la mañana. Muchas familias quedaron destrozadas: las personas con doble nacionalidad fueron separadas, y a las mujeres marroquíes casadas con argelinos no se les permitió seguir a sus maridos, ni viceversa.
Se confiscaron bienes personales, se congelaron cuentas bancarias y se asignaron viviendas a otras familias. Nunca se estableció ningún mecanismo de compensación. No se reconoció el derecho al retorno.
Esta expulsión carece de fundamento jurídico o administrativo. Se trata de un acto de represalia política dirigido contra una población civil únicamente por su nacionalidad, en total violación de las normas fundamentales del derecho internacional, las convenciones de derechos humanos y los principios más básicos de justicia.
Marruecos, a pesar de las tensiones regionales, acogió a estos expulsados sin recurrir a la reciprocidad, reasentándolos en diferentes regiones del Reino, a menudo en situaciones de emergencia. Sin embargo, la injusticia histórica de este episodio persiste.
Hasta el momento, el Estado argelino no ha expresado ningún reconocimiento, ninguna disculpa, ninguna reparación.
La expulsión de diciembre de 1975 sigue siendo un importante trauma colectivo para miles de familias marroquíes y uno de los símbolos más claros de la hostilidad declarada del régimen argelino hacia el Reino, mucho antes de la intensificación del conflicto *del Sáhara.
*5- Creación y supervisión completa del Polisario por los servicios argelinos (a partir de 1975).**
A partir de 1975, Argelia asumió la estructuración completa del Frente Polisario, con el fin de enfrentarse directamente a Marruecos por la cuestión del Sahara.
El Polisario, hasta entonces un grupo marginal de inspiración marxista-leninista fundado en 1973, se convirtió en un instrumento estratégico totalmente dependiente de Argel a todos los niveles: logístico, militar, diplomático, territorial, mediático y financiero.
1) Disposición de territorio argelino como base operativa de retaguardia:
Ya en noviembre de 1975, Argelia concedió al Polisario el uso exclusivo de la región de Tinduf, violando su deber de neutralidad como Estado miembro de la Unión Africana y de las Naciones Unidas.
Los campamentos saharauis están establecidos y administrados bajo el control directo del ejército argelino. Ninguna organización internacional opera allí libremente sin la aprobación de las autoridades militares de Argel.
– La población de los campamentos está compuesta en parte por saharauis exfiltrados o desplazados por la fuerza (por Argelia y el Polsario) del territorio marroquí durante los años 1975-1976, y por civiles mauritanos o subsaharianos asimilados por la fuerza.
– El Polisario estableció allí su «gobierno en el exilio», sus escuelas, sus estructuras de propaganda y su dirección militar, todo ello bajo supervisión logística argelina.
2) Entrenamiento militar proporcionado por Argelia y sus aliados:
El Polisario no tiene una estructura de liderazgo militar autónoma ni una doctrina propia, la mayor parte de su formación la imparten:
– Oficiales argelinos de la Seguridad Militar y de las unidades saharianas de la ANP;
– Asesores militares cubanos, desplegados en la región de Tinduf (varios centenares entre 1976 y 1980);
– Instructores libios y de Alemania del Este, en coordinación indirecta con el KGB;
– la participación ocasional de instructores del bloque soviético para armas pesadas.
El entrenamiento cubre el manejo de artillería móvil, tácticas de guerrilla en el desierto, colocación de minas y técnicas de emboscada, recopilación de inteligencia, transmisiones encriptadas y propaganda militar.
3) Suministro de armas de guerra pesadas:
Argelia equipa al Polisario con material militar normalmente reservado a los ejércitos regulares, lo que va mucho más allá del marco de un movimiento de «liberación».
Los principales activos incluyen: tanques soviéticos, vehículos blindados, lanzacohetes múltiples, cañones antiaéreos, misiles tierra-aire, estaciones de radar de vigilancia y grandes cantidades de minas antipersonal y antitanque, que todavía están presentes en la actualidad.
4) Pleno apoyo diplomático:
En el plano exterior, Argelia organiza una auténtica diplomacia paralela en beneficio del Polisario, apoyándolo en los foros internacionales y poniendo a su disposición sus redes diplomáticas.
Todos los representantes del Polisario en el extranjero operan en estrecha coordinación con las embajadas argelinas.
La mayoría de ellos viajan con pasaportes diplomáticos argelinos.
La financiación del lobby está íntegramente cubierta por Argel.
Argelia moviliza su influencia para imponer el reconocimiento de la pseudo-RASD e impedir el regreso de Marruecos a los círculos panafricanos.
5) Supervisión y condicionamiento ideológico de los civiles:
El control argelino no se limita a cuestiones militares o diplomáticas. Se extiende también a la construcción ideológica, cuyo discurso es el del régimen argelino: antimarroquí, antimonárquico, tercermundista y hostil a cualquier solución que no sea la separatista.
– Los niños saharauis en los campamentos son enviados al extranjero (Cuba, Libia, a veces Siria) para recibir educación militar e ideológica.
– La población de los campamentos se mantiene en una situación de dependencia humanitaria.
6- *Reconocimiento de la RASD por Argelia (1976*).
El 27 de febrero de 1976, al día siguiente de la retirada definitiva de España del Sáhara, Argelia reconocía oficialmente la seudo «República Árabe Saharaui Democrática» (RASD), proclamada unas horas antes unilateralmente por el Frente Polisario desde los campamentos de Tinduf.
Esta decisión convierte a Argelia en el primer país del mundo en reconocer lo que presenta como un nuevo Estado, pero que en realidad es una entidad creada, supervisada y financiada por ella misma, sin población estable, sin territorio definido, ni instituciones independientes.
El reconocimiento argelino llega menos de 24 horas después de la proclamación de la RASD, sin consulta popular, sin criterios verificados de autodeterminación y mientras el territorio del Sáhara está en gran parte bajo administración marroquí y mauritana.
Este reconocimiento viola las reglas básicas del derecho internacional público relativas a la creación de un Estado:
– ausencia de territorio efectivo (la RASD no ejerce ninguna soberanía sobre la más mínima porción de territorio sahariano),
– ausencia de una población identificable y libremente consultada (el Polisario sólo representa a una parte de la población saharaui),
– falta de independencia funcional (la RASD opera enteramente desde territorio argelino, con recursos argelinos).
Se trata pues de un reconocimiento puramente político e ideológico, en un intento de desestabilizar a Marruecos.
Sobre todo, al reconocer un «Estado» proclamado por un movimiento separatista armado, Argelia viola el principio de no injerencia en los asuntos internos de otro Estado soberano, principio cardinal de la Carta de las Naciones Unidas y de la OUA.
Lamentablemente, Argelia institucionalizará a partir de ahora el separatismo saharaui como una herramienta de su diplomacia.
En este sentido, está movilizando inmediatamente a sus socios del bloque socialista y del Tercer Mundo (en particular, Cuba, Libia, Vietnam, Angola, Mozambique) para que a su vez reconozcan a la RASD.
Este reconocimiento constituye el punto de partida de una guerra diplomática multilateral que continúa hasta nuestros días.
7- *Imposición del Polisario a la Organización de la Unidad Africana (1984).*
En febrero de 1984, tras un controvertido proceso iniciado dos años antes, la Organización de la Unidad Africana (OUA) admitió a la llamada «República Árabe Saharaui Democrática» como miembro de pleno derecho de la organización.
Esta admisión es el resultado de un intenso trabajo de lobby orquestado por Argelia, con el apoyo de sus aliados ideológicos de la época.
El reconocimiento se impone sin consenso ni respeto por los criterios jurídicos definidos en la Carta de la OUA. La RASD no ejerce un control efectivo del territorio, no administra directamente ninguna población y no se cumple ninguno de los criterios objetivos de soberanía.
Este grave precedente en la historia del continente africano marca un punto de inflexión: es la primera vez que un movimiento separatista, que opera desde el territorio de un tercer Estado, sin territorio ni reconocimiento de la ONU, es admitido como Estado.
Marruecos, considerando que esta decisión violaba el principio de integridad territorial y las reglas interafricanas de no injerencia, decidió en noviembre de 1984 retirarse oficialmente de la OUA.
Esta retirada durará treinta y tres años.
Durante este período, la OUA y posteriormente la Unión Africana no pudieron desempeñar un papel útil en la cuestión del Sáhara debido a la ausencia de Marruecos y a la presencia de un actor considerado ilegítimo por Rabat. Esta situación provocó un bloqueo institucional y debilitó la capacidad de la organización para actuar como mediadora neutral.
A principios de la década de 2000, varios Estados africanos comenzaron a reconsiderar sus posturas. Varios reconocimientos de la RASD fueron congelados, suspendidos o retirados. Marruecos regresó oficialmente a la Unión Africana en enero de 2017, con el firme apoyo de la mayoría de los Estados miembros. Su regreso formó parte de una estrategia deliberada de reactivación africana, sin renunciar a ninguna de sus posturas sobre el Sáhara.
*8- Organización de incursiones transfronterizas mortíferas desde territorio argelino (1976-1991)*.
Entre 1976 y 1991, el Polisario llevó a cabo numerosas operaciones armadas contra Marruecos, lanzadas directamente desde territorio argelino con el apoyo logístico, militar y operativo del ejército argelino.
Estos ataques tienen como objetivo zonas militares marroquíes, pero también centros urbanos, convoyes civiles e infraestructuras económicas en el sur de Marruecos.
Las incursiones armadas toman la forma de ataques rápidos, de tipo comando, a menudo motorizados, a veces apoyados por artillería móvil o misiles tierra-aire.
Los combatientes del Polisario operan desde los campamentos de Tinduf o desde posiciones establecidas a lo largo de la frontera, para luego retirarse inmediatamente a territorio argelino, beneficiándose de la cobertura directa del Ejército Nacional Popular Argelino (ANP).
Marruecos, por su parte, se encuentra limitada en sus posibilidades de respuesta, debido al riesgo de una escalada directa con Argel.
Varios atentados notables marcaron este período. En 1979, la ciudad de Smara fue bombardeada, causando víctimas civiles y cuantiosos daños materiales. En 1980, el puesto de Guelta Zemmour fue blanco de un ataque a gran escala, con vehículos blindados y misiles portátiles suministrados por los argelinos.
También se han registrado intentos de infiltración en Tan-Tan, Zag, Assa, así como en las afueras de El Aaiún.
Se trata de operaciones coordinadas y apoyadas por un sofisticado aparato de inteligencia, y acompañadas de propaganda militar que acusa a Marruecos de ocupación.
El modus operandi se basa en una estrategia de desgaste y acoso, destinada a desestabilizar las provincias del sur, perturbar las líneas logísticas marroquíes y mantener la inseguridad crónica.
Esta situación impulsó a Marruecos a iniciar, en 1980, la construcción de un sistema defensivo progresivo: el muro de seguridad, de más de 2.700 km de longitud, destinado a proteger centros poblados, ejes viarios y zonas estratégicas.
Este período corresponde al punto álgido de la hostilidad militar abierta entre Marruecos y el Polisario, bajo el patrocinio directo de Argelia, en el contexto de la Guerra Fría regional. Esta terminó oficialmente en 1991 con el alto el fuego supervisado por las Naciones Unidas, pero las estructuras de apoyo logístico, militar y político establecidas por Argelia en aquel momento permanecieron intactas y constituyen la columna vertebral del sistema separatista en la actualidad.
*9- Sabotaje al proceso de referéndum de las Naciones Unidas.*
Desde 1991, Marruecos y el Polisario aceptaron, bajo la égida de las Naciones Unidas, el principio de un alto el fuego a cambio de la organización de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara.
La MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental) se creó en este marco, con el mandato principal de organizar estas elecciones. Sin embargo, desde las primeras etapas del proceso, el Polisario y su patrocinador argelino obstruyeron deliberadamente la celebración del referéndum.
El estancamiento se concentra en la cuestión central de la identificación del electorado. Marruecos propone utilizar como base las listas del censo español de 1974, aunque acepta considerar ciertas solicitudes adicionales.
El Polisario, por su parte, exige la exclusión de decenas de miles de saharauis residentes en las provincias del sur de Marruecos, al tiempo que introduce masivamente miles de solicitudes de registro desde los campamentos de Tinduf.
Estas solicitudes, a menudo repetitivas y sin documentos justificativos fiables, cuentan con el apoyo de Argelia, que rechaza cualquier mecanismo de verificación neutral.
El proceso de identificación, iniciado en 1994, quedó paralizado durante varios años. Los equipos de la MINURSO se enfrentaron a un impasse administrativo y político.
Desde entonces, las propias Naciones Unidas han considerado el referéndum inviable. El Secretario General de la ONU y sus sucesivos enviados han reconocido la imposibilidad técnica y política de definir un organismo electoral aceptable para ambas partes. Desde 2007, el Consejo de Seguridad ha avanzado hacia la búsqueda de una solución política mutuamente aceptable, descartando así la opción del referéndum.
El sabotaje de este proceso por parte del Polisario y Argelia no es casual. Forma parte de una estrategia deliberada: bloquear cualquier acuerdo que no conduzca automáticamente a la independencia, incluso a costa de un estancamiento prolongado en la cuestión.
*10- Cierre unilateral de fronteras terrestres por parte de Argelia (1994).*
En agosto de 1994, en un clima de tensión entre Rabat y Argel, las autoridades marroquíes impusieron la obligación de visado a los nacionales argelinos que desearan entrar en territorio marroquí.
Esta decisión se produce tras el atentado contra el Hotel Atlas Asni de Marrakech el 24 de agosto, perpetrado por un comando de ciudadanos francoargelinos vinculados a círculos islamistas. La investigación marroquí, difundida por la prensa internacional, destaca el origen argelino de algunos sospechosos y la permeabilidad de las rutas migratorias en la región.
En respuesta, Argelia cerró unilateralmente su frontera terrestre con Marruecos, sin negociación ni consulta previa. Presentó esta decisión como una medida de soberanía, que ha mantenido hasta la fecha, durante más de tres décadas, a pesar de la ausencia de cualquier disputa militar activa y de los numerosos llamamientos marroquíes al diálogo.
En términos económicos, el cierre priva a las regiones fronterizas de ambos países (en particular, Uchda, Figuig, Maghnia y Tlemcen) de cualquier dinámica transfronteriza. Los canales comerciales tradicionales se han desmantelado. Los flujos comerciales se han interrumpido.
El turismo entre ambas orillas ha desaparecido por completo. Las oportunidades de integración económica del Magreb se han visto bloqueadas por esta decisión política unilateral.
Marruecos ha expresado reiteradamente su disposición a reabrir la frontera de forma pacífica, transparente y respetuosa con las respectivas soberanías.
Las autoridades marroquíes reiteraron públicamente este llamamiento en 2004, 2008, 2011, 2018 y 2021. En cada ocasión, Argelia se negó, creando condiciones políticas incompatibles con un enfoque pragmático o de buena vecindad.
Esta situación anormal representa hoy uno de los últimos casos de cierre de fronteras terrestres entre dos países que no están en conflicto armado. Refleja la persistente hostilidad estructural del régimen argelino hacia Marruecos.
*11- Intenso cabildeo antimarroquí en organismos internacionales.*
Desde los años 1970, y más aún desde los años 1980, Argelia ha llevado a cabo una estrategia de lobby diplomático destinada a oponerse a cualquier reconocimiento internacional de la soberanía marroquí sobre el Sáhara y a garantizar la existencia, a toda costa, de la llamada «República Saharaui» en el espacio diplomático mundial.
Esta campaña moviliza importantes recursos políticos, financieros e institucionales y se basa en una diplomacia paralela ofensiva, desplegada en varios continentes.
Argelia interviene sistemáticamente en todos los foros internacionales donde se aborda la cuestión, ya sea directa o indirectamente. En la Unión Africana, Argel defiende firmemente la permanencia de la RASD en el país, a pesar de su falta de territorio, instituciones autónomas y reconocimiento de la ONU. Se opone a cualquier revisión de esta anomalía jurídica y bloquea los intentos de abrir un debate institucional sobre la conformidad de esta presencia con el Acta Constitutiva de la Unión.
En el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas (C24), Argelia interviene entre bastidores para invitar regularmente a representantes del Polisario, a la vez que impone un formato sesgado para los debates, donde Marruecos es tratado como la «potencia administradora» y el Polisario como el «representante legítimo». En ocasiones, delegaciones pro-Polisario de América Latina o África subsahariana reciben cofinanciación de Argel para intervenir en sesiones oficiales, en detrimento de una voz equilibrada.
Dentro del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), del cual es miembro fundador, Argelia ha impuesto históricamente la agenda saharaui como causa a defender, intentando presentar la cuestión del Sahara como una simple extensión del proceso de descolonización. Ha promovido activamente la presencia de la RASD allí y continúa obstaculizando cualquier comunicado o resolución final que no refleje su narrativa.
En cámaras parlamentarias como el Parlamento Europeo, Argelia financia campañas de concienciación lideradas por ONG fachada y ciertos cargos electos, en particular de la extrema izquierda, para atacar los acuerdos comerciales entre Marruecos y la UE o cuestionar la explotación de los recursos naturales del Sáhara. Se organizan viajes de cargos electos europeos o africanos a los campamentos de Tinduf, cuya logística gestionan las autoridades argelinas. Estos viajes se utilizan posteriormente como apoyo político en campañas mediáticas o informes partidistas.
Delegaciones de parlamentarios y líderes políticos latinoamericanos también fueron recibidas en Argelia y los campamentos como parte de programas ficticios de cooperación gestionados por organizaciones cercanas al FLN o a las redes diplomático-militares argelinas. El objetivo era obtener declaraciones formales de apoyo a la RASD, que luego se esgrimieron como prueba de reconocimiento internacional, a pesar de la falta de validez legal de estos compromisos.
En el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU), Argelia intenta regularmente explotar las sesiones para atacar a Marruecos, apoyando informes de ONG serviles, interviniendo directamente a través de su diplomacia o coordinando grupos de Estados para presionar a Marruecos. En este caso, el objetivo no es defender los derechos humanos, sino movilizar este foro con fines exclusivamente políticos.
Esta estrategia de lobby se basa en una lógica de largo plazo, financiada por los ingresos del gas y estructurada en torno a un denso aparato diplomático, formado para este fin.
*
12 – *Campañas de desinformación y de lobby contra los productos marroquíes (agricultura, fosfatos, pesca).*
Desde principios de la década de 2000, Argelia lleva a cabo una ofensiva sistemática de presión jurídica, mediática y diplomática contra los productos originarios o que transitan por las provincias del sur de Marruecos (el Sahara), en particular en los sectores agrícola, pesquero y minero.
Todo esto pretende evidentemente poner en tela de juicio la soberanía de facto de Marruecos sobre el Sáhara cuestionando la legalidad de la explotación de los recursos naturales y tratando de excluir el territorio sahariano de los acuerdos celebrados entre Marruecos y sus socios internacionales, en particular la Unión Europea.
Para hacer esto:
– se está ejerciendo presión sobre las instituciones europeas,
– apoyo logístico (e incluso financiero en algunos casos) a los recursos interpuestos ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), invocando el principio del «consentimiento del pueblo del Sáhara Occidental», mientras que las poblaciones elegidas de la región participan plenamente en la vida económica, política y administrativa de Marruecos,
– Se organizan campañas de desinformación según las cuales los productos agrícolas del Sáhara marroquí (tomates, melones, pescado, fosfatos, etc.) son «explotados ilegalmente», o incluso financian «la ocupación».
Y más recientemente, han surgido ataques selectivos contra la OCP: la Oficina Chérifien des Phosphates, principal actor marroquí en la extracción y comercialización de fosfatos, es objeto de campañas judiciales y acciones de bloqueo, con la incautación de cargueros (Nueva Zelanda, Sudáfrica) o denuncias presentadas bajo presión argelina y saharaui.
Además, desde el comienzo de la guerra en Ucrania, Argelia ha orquestado una campaña de desinformación destinada a hacer creer que los fertilizantes fosfatados marroquíes son tóxicos, con el fin de frenar su expansión en el mercado mundial.
13- *El apoyo directo y encubierto de Argelia al islamismo armado contra Marruecos en la década de 1990.*
Durante la década negra, mientras Argelia afirmaba luchar contra el terrorismo islamista en su propio territorio, sus servicios de inteligencia (el DRS) permitieron conscientemente que elementos islamistas radicales circularan, se rearmaran y manipularan en las fronteras orientales de Marruecos, con el objetivo de desestabilizar el Reino y sembrar el caos.
Varios grupos armados vinculados al GIA y al GSPC fueron exfiltrados o redirigidos al este de Marruecos por el ejército argelino, con la aprobación tácita del gobierno. Estas redes, financiadas e infiltradas por el DRS, intentaron establecer células en Marruecos, aprovechando la permeabilidad fronteriza mantenida voluntariamente por Argel. Marruecos desmanteló decenas de redes en las regiones de Figuig, Uchda y Berkan, todas ellas vinculadas a elementos salafistas armados de Argelia, con la complicidad logística del Estado profundo argelino.
Este terrorismo de falsa bandera, indirectamente exportado por Argel, pretendía debilitar al régimen marroquí, sabotear su estabilidad interna y crear un clima de inseguridad, mientras Marruecos emprendía la vía de las reformas. Mediante esta estrategia, el régimen militar argelino utilizó el islamismo como arma geopolítica contra su vecino, en consonancia con su odio estructural hacia Marruecos.
No se trata de una hipótesis: los testimonios de ex oficiales argelinos (en particular, Mohamed Samraoui y Hichem Aboud), las pruebas materiales incautadas en Marruecos y los cruces de ataques, rutas y armas confirman esta responsabilidad criminal de Argelia en la circulación de la violencia islamista contra Marruecos.
Recientemente, las autoridades marroquíes desmantelaron una célula terrorista de extrema gravedad, según los propios términos de la Oficina Central de Investigaciones Judiciales (OCJI), cuyos escondites de armas pesadas y municiones estaban ocultos en las inmediaciones de la frontera argelina, lo que confirma la persistencia de la complicidad y la infiltración desde territorio argelino.
Todos los informes desclasificados de la CIA sobre el asunto apuntan en la misma dirección: el régimen argelino, a través de sus servicios de inteligencia, utilizó y manipuló conscientemente a grupos islamistas armados como instrumentos de política exterior, en particular para debilitar a Marruecos y exportar inestabilidad a Occidente
*14- Ruptura unilateral de relaciones diplomáticas por parte de Argelia (2021).*
El 24 de agosto de 2021, el régimen argelino anunció unilateralmente la ruptura de relaciones diplomáticas con el Reino de Marruecos, rompiendo abruptamente con décadas de cautelosa coexistencia.
Las razones esgrimidas son falaces e incoherentes: Argelia acusa a Marruecos, sin pruebas, de estar implicado en los incendios de Cabilia, de apoyar al Movimiento para la Autodeterminación de Cabilia (MAK) y de «colusión con Israel».
Estas acusaciones son consecuencia de la paranoia histórica de la junta, creada para justificar una escalada premeditada, en el contexto de la crisis interna argelina.
En respuesta, Marruecos adoptó una postura moderada, negándose a ceder a la escalada. Rabat reafirmó su compromiso con la estabilidad regional, la fraternidad entre los pueblos y la necesidad de reconstruir un Magreb de Estados responsables.
Pero el régimen argelino va más allá en su hostilidad:
1) Cierre unilateral del espacio aéreo y marítimo a aeronaves y buques marroquíes (22 de septiembre de 2021):
El régimen argelino ha decidido prohibir a todos los aviones marroquíes, tanto civiles como militares, sobrevolar su territorio, pero ha ido más allá: este cierre también se aplica a los barcos que enarbolan bandera marroquí, incluidos los barcos comerciales, de transporte y de asistencia técnica.
Esta medida viola los principios de libertad de navegación consagrados en el derecho marítimo internacional, incluida la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CNUDM), al impedir la circulación legal de buques de un país vecino sin estado de guerra. Se trata de un flagrante acto de hostilidad, sin precedentes en la historia regional, que perjudica directamente el comercio, los flujos logísticos, las operaciones humanitarias y la conectividad marítima en el Mediterráneo Occidental.
Este bloqueo aéreo y marítimo es una medida que viola las prácticas diplomáticas y comerciales, y revela la estrategia argelina de aislamiento regional y de asfixia hacia un vecino percibido como rival.
2) Suspensión del Gasoducto Magreb-Europa (31 de octubre de 2021):
Argel ha decidido no renovar el acuerdo de tránsito del Gasoducto Magreb-Europa (GME), que transportaba gas argelino a España a través de Marruecos. Esta suspensión pretendía privar a Marruecos de derechos de tránsito y de gas natural, pero también afectó a la seguridad energética de Europa, que se encontraba entonces en plena crisis de suministro.
Marruecos, por su parte, no dependía del gas argelino: pudo activar rápidamente otros mecanismos (gas natural licuado a través de España, desarrollo de energías renovables, infraestructura gasística nacional), lo que confirmó la resiliencia de su modelo energético. El verdadero objetivo, por lo tanto, era el comercio euro-marroquí, en particular los contratos energéticos triangulares, que Argelia intentó sabotear. Una decisión tan absurda desde el punto de vista económico como jurídicamente cuestionable, ya que equivalía a explotar una infraestructura regional con fines políticos hostiles, en violación de los principios de libre tránsito y cooperación energética entre Estados.
16- *Bloqueo y humillación al equipo de fútbol marroquí Renaissance de Berkane (abril de 2024).*
En abril de 2024, durante el partido de vuelta de la final de la Copa de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) entre el Renaissance Sportive de Berkane (RSB) y el USM Alger, las autoridades argelinas sabotearon a sabiendas la participación del club marroquí orquestando una operación de humillación y obstrucción política.
Al aterrizar en Argel, los jugadores marroquíes fueron detenidos durante horas en el aeropuerto, su equipaje fue registrado de forma acosadora y su autobús fue bloqueado por la policía argelina, que les negó la salida de la zona de seguridad. La orden oficial fue clara: no se permitiría la entrada hasta que el equipo retirara la bandera marroquí de sus camisetas oficiales, en clara violación del reglamento de la CAF.
Esta negativa argelina a aceptar la presencia de un símbolo nacional reconocido internacionalmente condujo a un impasse. La CAF, contactada por la Real Federación Marroquí de Fútbol, tomó nota de la retirada del USM Argel y concedió el partido a Berkane por decisión disciplinaria.
Este es un grave acto político, cometido en un contexto deportivo, que revela el deseo de un Estado de aprovechar un evento continental para humillar a un club marroquí y negar simbólicamente la soberanía de Marruecos. El deporte, convertido en herramienta de propaganda del odio, se convierte así en la ilustración perfecta de la obsesión argelina con la bandera marroquí.
17- *Propaganda mediática sin precedentes.*
No voy a comentar nada al respecto, pero os dejo que lo veas vosotros mismo, solo tienen que echar un vistazo a los medios argelinos