La participación política de los marroquíes del mundo… una apuesta democrática y estratégica

03 September 2025 - 14:21

Por: Mustapha Antra

El expediente de los marroquíes del mundo vive una dinámica notable, impulsada por las orientaciones y discursos del rey Mohamed VI, que ha otorgado a este componente nacional una visión clara para la reestructuración de sus instituciones y el refuerzo de su papel al servicio de la patria.

En su discurso con motivo del 49º aniversario de la Marcha Verde, Su Majestad trazó una nueva hoja de ruta basada en tres pilares:

– La renovación del Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero, como institución constitucional independiente con un papel consultivo y que exprese una representación real de las diferentes componentes de la diáspora;

– La creación de la Fundación Mohamed VI para los Marroquíes del Extranjero, como brazo ejecutivo para unificar competencias dispersas y coordinar la aplicación de la estrategia nacional relativa a la diáspora;

– La digitalización y simplificación de los procedimientos administrativos, la promoción de la inversión y la valorización de las competencias marroquíes en el extranjero.

Esta dinámica real coincidió con el lanzamiento de consultas políticas lideradas por el Ministro del Interior, en respuesta al llamamiento de Su Majestad sobre la necesidad de preparar las leyes electorales antes de finales del presente año, en vistas a las elecciones legislativas de 2026. Era natural, por lo tanto, que el tema de la participación política de los marroquíes del mundo se planteara con fuerza en la mesa del debate, especialmente a la luz de las posiciones de algunos partidos, encabezados por el Partido Istiqlal y el Partido Justicia y Desarrollo, que han mostrado recientemente posturas favorables a una mayor inclusión de los marroquíes en el extranjero.

Hoy, el número de marroquíes en el mundo supera los seis millones de personas, distribuidos en más de cien países, con una fuerte presencia en Europa occidental, los países árabes del Levante, África, Estados Unidos, Canadá y Asia… Esta amplia dispersión geográfica hace que su representación política sea una necesidad nacional, siguiendo el ejemplo de muchos países europeos y africanos que reservan circunscripciones electorales para sus comunidades en el extranjero.

Además, existe una creciente dinámica civil entre los marroquíes del mundo, donde movimientos y asociaciones activas han elaborado documentos y memorias sobre la participación política, basadas en estudios comparativos con experiencias internacionales pioneras, lo que las convierte en una fuerza de propuesta que se puede aprovechar.

Aunque el tema de la participación política de los marroquíes del mundo ha estado presente en la agenda nacional durante años, las fórmulas propuestas han sido objeto de debate. Una de las más destacadas ha sido la idea de representarlos en la Cámara de Consejeros, propuesta que enfrenta obstáculos constitucionales para integrarlos como un componente parlamentario oficial dentro de la segunda cámara, ya que su inclusión requiere una reforma constitucional.

En contrapartida, surge una tendencia a buscar fórmulas innovadoras que les permitan contribuir en la elaboración de decisiones políticas y en la defensa de los intereses de su país, considerando que la representación no es solo una reivindicación sectorial, sino un instrumento para fortalecer la experiencia democrática, sobre todo ante los retos regionales e internacionales, los movimientos hostiles en el extranjero y las campañas de propaganda organizadas que buscan perjudicar los intereses del país y dañar su imagen.

Si son bien estructuradas, las comunidades pueden desempeñar un papel defensivo fuerte en favor de las causas de Marruecos en diferentes foros internacionales, al igual que lo han hecho comunidades de otros países que han logrado transformar a sus ciudadanos en el extranjero en una fuerza blanda de presión a favor de sus intereses estratégicos.

Hoy, con el inicio del proceso de reestructuración del Consejo de la Comunidad Marroquí en el Extranjero y la creación de la Fundación Mohamed VI para los Marroquíes del Extranjero, se hace necesario que estas reformas se complementen con la adopción de un mecanismo claro de representación política directa, ya sea a través de circunscripciones electorales en el extranjero o mediante fórmulas innovadoras que tengan en cuenta la realidad geográfica de la diáspora. Por lo tanto, el reto ya no es solo técnico, sino una apuesta nacional para reforzar la unidad interna y fortalecer el frente externo.

La aceleración de la aplicación de esta visión real, paralelamente a la resolución de la cuestión de la participación política de cara a 2026, será una verdadera prueba de la voluntad del Estado de convertir a los marroquíes del mundo en un socio real en el desarrollo, la democracia y la defensa de las causas nacionales, en lugar de limitar su papel a las transferencias financieras.

El éxito de este proyecto requiere una voluntad política clara, un diálogo serio entre los diferentes actores y una visión jurídica y constitucional que garantice una representación real y eficaz de los marroquíes del mundo, que supere el enfoque meramente simbólico y pase a una contribución esencial en la toma de decisiones nacionales.

Los marroquíes del mundo mantienen un vínculo emocional y cultural profundo con su patria, que constituye un valioso capital estratégico que debe preservarse, reforzarse y aprovecharse de manera eficaz. Esto requiere otorgarles todos sus derechos constitucionales como ciudadanos, incluyendo la participación política tanto en el voto como en la candidatura, y garantizar su representación en el Parlamento mediante circunscripciones en los distintos países de residencia, además de su presencia en los consejos y órganos de gobernanza. También exige reforzar sus lazos con la patria a través de políticas públicas inclusivas, así como de iniciativas culturales y educativas que alimenten el sentimiento de pertenencia de las nuevas generaciones en la diáspora, sin que ello entre en contradicción con su integración positiva y constructiva en las sociedades de acogida.

El momento de 2026 puede ser un hito decisivo en el proceso de inclusión de los marroquíes del mundo en la toma de decisiones políticas y, si se sabe aprovechar, representará un paso adelante hacia una democracia más inclusiva y una patria más fuerte con sus ciudadanos, tanto dentro como fuera del país.

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